viernes, 2 de julio de 2010

ToDo

Anoche te vi en los ojos de aquella perra. Se quedó petrificada, como envuelta en una atmósfera que me era ajena, observando algo que yo no podía ver. Su mirada me sobrecogió. ¿te estaba viendo a ti? ¿te quedaste conmigo para cumplir nuestra promesa? Ojalá me pudieses hacer saber eso que en este mundo se llama un imposible.. quiero saber que no me quedé sola cuando te fuiste. Que lo único que cambió fue la forma, pero que tú te quedaste siempre conmigo.

Quiero saber que tú regresaste aquel 5 de mayo a pedirme que durmiésemos la vida juntos. Que cosiste mi corazón cuando se desgarró.. te fui dejando todos mis pedacitos. Toda mi vida.

Para aquellos que no entiendan lo que significa amar a un animal con entrega, para los que piensen que un perro no es más que eso, para los que me dijeron que te convertiste en mi obsesión, para los que te adjudicaron la causa de una depresión, para los que no te supieron querer, ni entender,.. para los que como yo te lloran y te quieren al tiempo, para los que han compartido su dolor conmigo..pues era paralelo, para todos ellos..

Toda mi vida he sentido amor por los perros. Es un amor que muchos han tachado de enfermizo, ..muy a mi pesar. De pequeña conocía a todos los canes de Pontevedra, y ellos me conocían a mi. Y pasaba las horas con los perros de otros. Perros de mi infancia, que no eran míos pero los hice de algún modo parte de mi. Perros como Ricky, de Conchita, o Como Yas, de Ana, como Churri y Dolly, de Rita, ..y podría seguir.. algunos han muerto, y otros conocieron al que fue el milagro que cambió mi vida y la llenó, a mi perro Oliver.


A ese peludo que le dio a mi vida el mayor de los sentidos, la llenó y la desbordó. A él debo mi mayor felicidad.

Como dije antes, hay quien ha tachado esta compenetración de enfermiza. Pero hay que entender los porqués para llegar las conclusiones.

Con diez años conocí a Ricky, el perro de Conchita. Fue el perro con el que pasé toda mi infancia. Lo eduqué, lo cuidé, lo paseé.. hice todo lo que se le puede hacer a un propio, pero sin serlo.. fue gracias a Conchita que fui construyendo mi sueño. Yo quería un perro.

Recogí perros abandonados. Maika, una amiga que conocí también gracias a esta pasión común, siempre dice esta frase, que considera su amuleto: "Todo lo que no se da en esta vida se pierde". El amor que te da un perro, no te lo da un ser humano. Por inteligente que este último sea, no puede abarcar tanto desprendimiento. Un perro te lo da todo. Como dije antes, pasaba las horas con los perros de otros. De pequeña tenía mi propia manada en casa.. peluches de perro de diferentes tamaños, a los que adjudiqué forma de ser, nombre y parentesco. Les daba de "comer", se lavaban como los de verdad pero en la lavadora, y dos de ellos tenían correa de cuero, y alguna que otra vez salieron a la calle. 

Fue mi pasión, y mi vida. Todos los niños desean un perro, pero ese deseo era parte de mi. Los perros abandonados eran el proyecto de perro que no me dejaban tener, y lo hacía mío por unos días hasta que encontraba que hacer con él. No eran de nadie, por eso eran más míos que los que sí tenían dueño.

Cuando conocí a mi perro me fundí en él. Todo mi yo se volcó en eso que había ido construyendo con los años. Lo quise con todos los sentidos posibles. Deseé y puse todo mi esfuerzo en que se sintiese el perro más querido, mejor cuidado. En él volqué mis conocimientos sobre adiestramiento, sobre cuidados veterinarios. Sentí que por fin mi yo tenía un sentido. Oliver fue todo. Es una locura sana que me ayudó a crecer y madurar con los años. No es un capricho, es parte de mi.

Escribo esto para aquellos que no hayan sabido captar el concepto de lo que significa amar a un animal con entrega. Mi perro Oliver fue amado antes incluso de que lo conociese, y tras marcharse dejó una huella tan grande, que sé que nunca se irá para siempre. De una manera que sólo quien ha sentido algo parecido por su perro puede entender, él sigue aquí.

A mi perro Oliver. Él mejor que nadie sabe todo lo que le quiero. Sabe que las palabras no lo abarcan y que los abrazos se le quedan pequeños. Te quiero cariño.