Cariño, el verano ya llegó y ya se va. Y supongo que como este verano, vendrán otros. Y se sucederán los inviernos, y tú no vas a estar conmigo para burlar al tiempo entre ellos. Quiero que sepas que tú has sido lo más bonito que he tenido nunca, y que estoy orgullosa de haber podido decir que eras mi perro, y que nuestra amistad es de las pocas que dura más allá de la muerte. Porque te quiero, y cuánto más tiempo pasa, más crece mi amor y mi profundo agradecimiento hacia ti. Tú cambiaste mi yo y por eso una parte de mi siempre será sólo tuya.
Si pudiera pedir un deseo para -éste- mi cumpleaños, que está a punto de llegar, sería el poder saber si estás bien. Si más allá de mi egoísmo por tenerte a mi lado, eres feliz. Tú fuiste mi regalo de cumpleaños en octubre del 2008. Y al año siguiente, cuando papá y mamá me preguntaron qué quería por mi cumpleaños, les respondí que no quería nada, pues era feliz. Te tenía a ti. Ahora ya no te tengo, y nada podrá mejorar esta amistad que nació de forma fortuita aquel 11 de agosto del 2008. Tú eras ese perrito que, sentado delante de un bar, esperó durante horas el instante en que cambiarían para siempre nuestras vidas.
Por ti luché lo que no luché por nadie, y lloré lo en palabras no se puede expresar.
Cuatro meses pequeñito.. pero ni toda la vida podrá cambiar esto que siento y que no puedo expresar.