no puedes escucharme,
ni sentirme.
Pero pienso en ti cada segundo,
arrugo cada momento
que debimos, -y no pudimos-
pasar juntos.
A la vida le gusta jugar a la muerte,
y me arrancó un poquito de mi
para que se fuese contigo.
Ahora crecerás en las flores y en los árboles,
serás la fuerza del mar que nos llenaba,
y me sonreirás hasta que me muera,
cada vez que mi corazón se canse de jugar.
Porque te quiero y me quieres.
Y eso nadie lo puede cambiar.